viernes, 14 de diciembre de 2012

Una Cátedra de derecho

Una mañana entraba el nuevo profesor de “Introducción al Derecho” a su clase, lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:

- ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Juan, señor.
- ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! – gritó el desagradable profesor.

Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estaban asustados e indignados pero nadie dijo nada. 

- Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?… Los estudiantes seguían asustados pero poco a poco iban tratando de responder a la pregunta: “Para que haya un orden en nuestra sociedad” “¡No!” contestaba el profesor “Para cumplirlas” “¡No!” “Para que la gente mala pague por sus actos” “¡¡No!! ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!”… “Para que haya justicia”, dijo tímidamente una chica. “¡Por fin! Eso es… para que haya justicia.

Y ahora ¿para qué sirve la justicia?” - Todos estaban molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguían respondiendo: “Para salvaguardar los derechos humanos” “Bien, ¿qué más?”, decía el profesor. “Para discriminar lo que está bien de lo que está mal”… Seguir… “Para premiar a quien hace el bien.” - Ok, no está mal pero… respondan a esta pregunta ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?….

Todos se quedaron callados, nadie respondía.
 – Quiero una respuesta decidida y unánime.
- ¡¡No!!- dijeron todos a la vez.
- ¿Podría decirse que cometí una injusticia?
- ¡Sí!
- ¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!

Vete a buscar a Juan- le dijo mirando fijamente a quien cuenta esta historia. Aquel día muchos recibieron la lección más práctica de su clase de Derecho.

  Cuando no defendemos nuestros derechos, perdemos la dignidad y la dignidad no se negocia.